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martes, 10 de julio de 2012

CANADA UN PAIS MUY INTERESANTE PARA NUESTRAS EXPORTACIONES


Llegar a buen puerto: Canadá
Hay indicios que apuntan a que, en una época tan temprana como principios del siglo XVI, los balleneros vascos ya arribaban a las costas de Terranova. Allí establecieron bases para dedicarse a la pesca e intercambiaban bienes con los pueblos nativos de la isla. No sería inexacto considerar estas actividades como los primeros ejemplos de relaciones comerciales y de inversión con esta región del planeta. Tan relativamente desconocida es esta nota al pie de la historia de las relaciones entre España y Canadá como lo es -quinientos años después- la oleada de empresas de nuestro país que, recientemente, han encontrado en este mercado norteamericano una tierra propicia para desarrollar su actividad internacional.


El grupo Técnicas Reunidas llevará a cabo la ampliación y mejora de las instalaciones de una compañía explotadora de arenas bituminosas -una de las riquezas naturales de Canadá-. El contrato ronda los 800 millones de euros. OHL se encargará de la construcción de un hospital en Montreal por valor de 1.485 millones. La extensión del metro de Toronto también correrá a cargo de esta misma empresa en consorcio con FCC. Carreteras, transporte urbano, edificios públicos... Los ejemplos son variados. Javier Tena, consejero económico y comercial de la Embajada de España en Ottawa, explica esta fiebre: “La Federación de Municipios Canadienses estima que, solo en infraestructuras municipales, el país requiere unas inversiones de más de 125.000 millones de dólares. Canadá hizo las últimas inversiones importantes en sus infraestructuras en las décadas de los 60 y 70. No ha sido hasta finales de los 90 cuando se empezó a tomar conciencia, por parte de los dirigentes políticos, del estado muy deficiente de unas infraestructuras públicas que están llegando al final de su ciclo de vida útil”. Actualmente, se estima que la inversión en infraestructuras alcanza los 12.000 millones de dólares anuales.

El desembarco español no se limita al área de las obras públicas. Otro de los sectores en los que aporta su tecnología y conocimiento es el de las energías renovables. Esparcidos por toda la geografía canadiense, se pueden encontrar parques eólicos construidos y/o gestionados por empresas españolas. Renovalia es propietaria de una promoción de 120 MW en la provincia de Alberta. “Canadá tiene a favor una sólida estabilidad jurídica y empresarial, unas ratios altas de crecimiento y, por tanto, una creciente demanda energética. Además, el recurso natural en esta provincia es magnífico”, cuenta Fernando Schwartz, su director de desarrollo de negocio. A su vez, Acciona posee cuatro parques que suman una potencia instalada de 181 MW y Elecnor acaba de estrenarse en el país tras adjudicarse la construcción y operación del parque eólico L’Erable, con 100 MW, en la provincia de Quebec.

Precisamente, esta provincia francófona anunció a finales del año pasado la intención de aumentar en 1.000 MW su capacidad de producción actual. Son las iniciativas provinciales las que moldean este mercado, ya que no existe una política unificada al respecto a nivel estatal. “Mientras unas provincias dan muchos apoyos, otras no dan ninguno. Nueva Escocia tiene el objetivo de generar un 40% de su electricidad a través de fuentes renovables para 2020. Sin embargo, las necesidades de la provincia son pequeñas, puesto que su población apenas alcanza el millón de habitantes. Por su parte, Ontario ofrece los mayores incentivos a la producción de energías renovables del país, aunque conviene tener en cuenta que están condicionados al cumplimiento de unos requisitos de contenido local muy restrictivos que han sido denunciados por la UE y Japón en la OMC”, explica Javier Tena.

Público y privado
Los concursos públicos son la puerta de acceso por la que han pasado muchas de las empresas españolas que operan en el país. Las modalidades en las que cada proyecto se ha de desarrollar varían según el caso. Sin embargo, un “recién llegado” a Canadá, aunque en buena parte del planeta se le considere un “viejo conocido,” empieza a dominar el panorama: las Public Private Partnerships (PPP). A pesar de cierto rechazo social, que ve en esta fórmula una especie de privatización encubierta, la expansión de las PPP viene determinada por el retraso en la renovación de la red de infraestructuras del país. Acometer nuevas construcciones resulta, en estos momentos, tan costoso que ni las provincias ni los municipios pueden financiarlas por sí mismos.

Aunque Canadá suele considerarse un ejemplo de transparencia en materia de adjudicación de concursos públicos, hay que tener en cuenta una serie de factores que pueden obstaculizar el acceso de empresas extranjeras. “Canadá no tiene adquiridos compromisos a nivel subfederal por el Acuerdo de Compras Públicas de la OMC. En un país donde el 75% de estas compras se realiza en el ámbito provincial o municipal, incluyendo la práctica totalidad de las licitaciones de obra pública, esto deja fuera de cualquier compromiso internacional una parte muy importante de las compras públicas canadienses. Entre otras restricciones, las empresas pueden verse obligadas a tener una sede dentro de la provincia convocante para poder acceder a un concurso público”, advierte Javier Tena. La experiencia de Elecnor apoya esta visión y va un poco más allá: “De manera generalizada se suele encontrar siempre el ingrediente del componente local. Las empresas extranjeras son bienvenidas siempre que realicen una importante inversión y fomenten el empleo local. Por ejemplo, en Quebec, especialmente en el sector de la construcción, cuentan con unas leyes muy proteccionistas en cuanto a la utilización de mano de obra local. Ir de la mano de socios canadienses a estas licitaciones siempre supone una ventaja competitiva importante”, comentan desde la empresa.

Precisamente, uno de los aspectos que dificultan la conclusión del Comprehensive Economic and Trade Agreement (CETA) -acuerdo entre la UE y Canadá que, en estos momentos, se encuentra en proceso de negociación- está en la necesidad de asegurar el cumplimiento por parte de las provincias y municipios canadienses de lo que se acuerde respecto a las compras públicas. Tras tres años de negociaciones, se espera que este ambicioso acuerdo económico y de libre comercio entre Europa y Canadá esté firmado a finales de este año, lo que supondrá, sin duda, un fuerte impulso a las relaciones comerciales entre ambos territorios. En todo caso, con acuerdo o sin él, Canadá ya es un “puerto” apetecible. El incremento de las exportaciones españolas al país desde 2007 hasta 2011 ha sido del 58%. El año pasado, España vendió a Canadá más de lo que le compró. Algunas de las partidas que más contribuyen a este crecimiento pertenecen a productos de altor valor tecnológico, como las relacionadas con las ciencias de la vida o la industria aeronáutica.

En conclusión, soplan vientos favorables en este rincón del mundo para la actividad inversora y exportadora de nuestras empresas. Canadá no ha sido, tradicionalmente, un destino habitual para nuestras compañías pero, al igual que los tripulantes de aquellos barcos balleneros dejaron su huella en forma de toponimia local -por ejemplo, Port-au-Choix, en el norte de la isla de Terranova es una desviación del término en euskera portutxoa, que en español significaría puertecito-, es bien probable que una nueva huella, más profunda, se esté imprimiendo en esta zona septentrional al otro lado del Atlántico.