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miércoles, 12 de junio de 2013

Los robos, una nueva plaga que ataca el campo

Los robos, una nueva plaga que ataca el campo
Vida Rural Núm. 363. En Carta del Director. Mayo de 2013
05-6-2013
Jaime Lamo de Espinosa - Director de Vida Rural
«Estamos ante un problema económico no menor, sin duda. Pero también ante un grave problema de seguridad que debe ser combatido de modo rápido y eficaz. Esta plaga, la de los robos en el campo, ha vuelto y todos sabemos que las plagas y las malas hierbas hay que combatirlas hasta su desaparición. No se regateen esfuerzos porque acabará generalizándose y serán cada vez más graves los daños y más numerosos los asaltantes».
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Querido lector:
Hoy debo tratar de algo inusual hace años pero que comienza a ser una nueva plaga del campo, aunque ésta no ataca al reino vegetal sino a los seres humanos en su economía. Me refiero a la inseguridad de casas, fincas, plantaciones, equipos, etc. Me refiero a los robos, saqueos, vandalismo, destrozos, daños, etc., que se están generalizando afectando a todas las provincias. Por todas partes se recogen informaciones de robos de los cableados de cobre, de los postes de plantaciones de viñedos, de los propios plantones cuando acaba de realizarse una plantación, de ganados, de cosechas en el árbol o en almacén a la espera de ser llevadas al mayorista o a la cooperativa, del contenido de las casas situadas en medio del campo, de herramientas, gasóleo o baterías de tractores, etc. etc. Y en algunos casos -pocos, afortunadamente- ha habido incluso muertos al defender -un guarda privado o un agricultor o ganadero- su propiedad. Ante ello hay que preguntarse por las causas y por los medios instrumentados para proteger la propiedad privada.
Las causas de estos robos son bastante evidentes. Cuando se llega a un número de parados tan alto como el existente, cuando muchas personas pierden sus empleos, también en el medio rural, cuando más de la mitad de nuestros jóvenes están en paro, cuando 2 millones de familias tienen a todos sus miembros en paro, cuando -además- muchas mafias extranjeras han venido a España a robar desde automóviles hasta lo descrito en el campo ante la impunidad de sus fechorías, el resultado no puede ser más que el que vemos. Y conste que el paro no justifica estos hechos pero en buena parte los explica.
Todo lo anterior exige soluciones y éstas solo pueden venir de un refuerzo en número y medios de los diferentes servicios y fuerzas de seguridad que tiene a su cargo la prevención y combate de estas bandas, y el refuerzo también de las sanciones previstas en el Código Penal. Pero lo primero implicaría un aumento de gastos en una etapa en la que los recortes y el ajuste fiscal lo hacen casi imposible, y lo segundo, por sí solo, no sería nunca suficiente.
Y he escrito antes "casi" porque resulta sorprendentemente grato encontrar, por ejemplo, que en Burriana (Castellón de la Plana) la Guardia Civil ha desplegado un escuadrón de caballería que opera con un sargento, un cabo y siete guardias a caballo para vigilar y prevenir tales robos en esa comarca. Escuadrón que se reforzará a fines de este mes con otros quince guardias civiles a caballo. Como se ve, pese a la penuria de medios es posible hacer algo más, si se quiere, para combatir esta plaga. Cuando se quiere se puede.
La legislación española no permite a un agricultor o ganadero actuar como lo haría un igual suyo en EE.UU. donde la propiedad es sagrada. Pero por esa misma razón, porque ellos no pueden defenderse en solitario, son las fuerzas de seguridad las que deben garantizársela a sí, a sus familiares y a sus cosechas, ganados y medios de producción. Esa es una función del Estado que si hasta ahora no era casi necesaria porque tales hechos no proliferaban ahora se comprueba día a día su evidente necesidad.
Y este no es solo un problema de los Ministerios de Interior o de Justicia, que lo es, cuanto de los Gobiernos autonómicos y de los ayuntamientos a través de sus policías locales, que deberían preocuparse más de estos aspectos que de los coches mal aparcados en el centro de los municipios.
Estamos ante un problema económico no menor, sin duda. Pero también ante un grave problema de seguridad que debe ser combatido de modo rápido y eficaz. Es evidente que ninguno lo hemos vivido en las últimas décadas porque la prosperidad y la suficiencia de las rentas familiares garantizaban el sustento. Pero esta plaga, la de los robos en el campo, ha vuelto y todos sabemos que las plagas y las malas hierbas hay que combatirlas hasta su desaparición. No se regateen esfuerzos porque acabará generalizándose y serán cada vez más graves los daños y más numerosos los asaltantes.